Cuestión de dislexia

América

Buscones y Rebuscadores

                  Después de un año desempleado, fuera de la Universidad y sin un peso en el bolsillo decidí dejar de escribir pendejadas este nuevo enero e irme a rebuscar la vida como todo colombiano de bien, es decir en la calle. Para ello se ofreció como “patrón” el Flaco Agonía, Gustavo Adolfo Salazar, un vendedor y comprador de discos en vinilo usados sobre la calle 19 a quien la prensa amarillista – y también la otra – de vez en cuando dedica crónicas  bautizándole como “el Rey de los acetatos”.

Durante quince años ocupando una fracción de metro y medio cuadrado del “espacio público” en la esquina de la 19 con carrera 9, el Flaco ha comerciado con esos objetos raros y anticuados que producen un leve sonido de fritanga (“romántico” según los entendidos) cuando la aguja del tocadiscos patina sobre su superficie horadada por infinidad de grietas y abolladuras, reproduciendo en un mecanismo más que asombroso para quienes nada sabemos de física, las melodías más cotidianas o exóticas, las más populares o selectas, en “versiones originales”. Desde el legendario y trillado Gardel que vino a morir sin culpa en Medellín hasta los psicodélicos Pink Floyd con su magistral Dark Side Of The Moon[1]; Shostakovitch o Beethoven en versiones excelentes, algún ejemplar en lenguas incomprensibles con la misteriosa música de los Magiares de Europa central o los Gitanos de Bucarest que atravesó el Mediterráneo y luego el atlántico para dar con la casa de cualquier coleccionista anónimo al que sus hijos subastaron los bienes tras reposar con una violeta en el ombligo.

Las “ganancias” en la pequeña “Cucho-teca” del Flaco Agonía se arrojan tras una ecuación bien simple: si ingresan por venta $40.000[2] se apartan $3.500 que pagarán la improvisada bodega donde se almacena la mayoría de la mercancía, un rincón de un parqueadero de motocicletas en el que están apilados entre el polvo y las cucarachas cinco millares de Long Play desordenados; $12.000 van para el prestamista “Gota a gota”[3] que desembolsó cualquier suma invertida en el negocio, $3.000 destinados a abonar la mensualidad o los servicios en la vivienda – que pertenece a las tías de Agonía –, $9.000 pagan una deuda con otro Gota a gota, $5.000 para Camilo por fungir de ayudante, $2.000 compran un pan por la noche y $4.800 en tintos y cigarrillos a lo largo de la jornada. De donde sobran exactamente $700, capital con el que Agonía comenzará el día siguiente de labor. Luego, todo hay que decirlo: si ingresa menos dinero Agonía queda empeñado y embargado, aullando como un perro. Si ingresa más, Agonía almuerza y cena copiosamente, se emborracha como un diablo, despilfarra jugando billar y le regala cualquier cosa a su novia Magda, una muchacha de Villa Santana tres décadas más joven que él.

La vida de Agonía (contrabandista en la Guajira en los mejores años del petróleo venezolano, un día se fue a pie hasta Panamá con la esperanza de llegar al norte y quedó detenido en Bocas de Cupe, vendedor de baratijas por los pueblos de la Costa Caribe, paisa culebrero y tomador de trago, comerciante con parvas y panes sobre una motocicleta con canasta en Pereira, finalmente especulador musical de discos viejos) me hace pensar en esos personajes de la literatura picaresca española que saltaron el océano hacia nuestra literatura pero antes que nada a nuestra realidad y allí se quedaron: los Buscones – hoy rebuscadores – que viven al diario, aventurando y deambulando, medio mercenarios, medio mendigos, medio ladrones, medio avispados; hoy comen mañana no, hoy trabajan en cualquier cosa mañana roban, a veces viven en harapos y después les sonríe la fortuna, hasta que algún día los sorprende la vida viejos y pobres como una casa de bareque.

Se atribuye la aparición de la picaresca española a una sociedad feudal en descomposición, llena de campesinos arruinados y de gentes miserables sin nada que hacer. Los pícaros, los buscones, los burladores, duchos en el arte del engaño y en ganarse los días de cualquier manera, en medio de una lucha feroz por la subsistencia, llenan narraciones clásicas del castellano como La vida del Buscón llamado don Pablos, El Lazarillo de Tormes, El Periquillo Sarniento (la primera novela escrita en América Latina) e incluso las páginas más lúcidas del Quijote. Según se cree, la expulsión de los moros de España – agricultores, ilustrados, cultos, paradójicamente avanzados, democráticos y tolerantes – dejó una sociedad en ruinas sepultada en una crisis permanente, en medio de profundas inestabilidades políticas y guerras que duraron hasta todo el siglo XIX; una sociedad opresiva donde el azar es ley, como bien se lee en las páginas de la picaresca.

Para los colombianos la picaresca es condición de su país. Desde los rebuscadores mayores del narcotráfico que describe Alfredo Molano[4], dispuestos a jugarse el pellejo por obtener la gloria del dinero cochino, hasta la infinidad de “profesiones” y “oficios” enlodados entre lo que las estadísticas oficiales definen con el eufemismo de “informalidad”: chatarreros y recicladores basuriegos, mercachifles ambulantes en mil y una baratija de distinta especie, atracadores y matones de medio pelo, prostitutas y coperas, jíbaros y expendedores de estupefacientes, malabaristas y músicos callejeros, comisionistas y estafadores, mendigos de cien pretextos y dolencias particulares, tratantes en verduras y segundazos, en hierbas mágicas o en relojes dañados, limpiadores de parabrisas o de zapatos, sujetos que cobran por hacer puesto en largas filas, carreteros y zorreros, o los consabidos engatusadores que andan de plaza en plaza y de pueblo en pueblo con una serpiente viva domesticada dentro del carriel contando cuentos: los culebreros. Cada cual le arranca la comida a la vida en cualquier profesión de un largo catálogo salido del realismo mágico, como mejor le convenga.

La nuestra es como aquella España del feudalismo descompuesto, una sociedad con un capitalismo podrido, abortado en sus mismos inicios. Un capitalismo mutante gobernado por entidades e instituciones que parecen tan exóticas en esta Colombia del caos y el vértigo como parece exótico un curandero del Putumayo con sus atuendos caminando el centro de París o Barcelona: las alcaldías, las gobernaciones, los “entes de control”, los policías persiguen a impulso de bolillo y disposiciones que terminan con las mismas palabras de las enmiendas reales – “comuníquese y cúmplase” – al comercio callejero, al rebusque diario y a la informalidad galopante y espantosa. No pueden contra ella, porque la única forma real de eliminarla es normalizando empleos e incorporando cada vez mayor mano de obra al sistema económico formal, todo lo contrario a lo que hace la industrialización, computarización, automatización y mecanización progresiva: expulsar cada vez más y más mano de obra calificada a la pesadilla del desempleo.

Allí me quedo yo, agazapado y receloso en esa casetica de aluminio donde la Alcaldía Municipal de Pereira reubicó al Flaco Agonía para que no obstruyera el “espacio público”, media cuadra arriba del sitio que ocupó quince años. Veo pasar ilustres personajes por la calle 19: politiqueros famosos, columnistas de periódicos locales o periodistas de televisión, hermosas vendedoras de café que me lanzan besos, ladronzuelos, negras coquetas de sensualidad africana, policías correteando vendedores ambulantes, mafiosos en camionetas vistosas, tiras del DAS que le cuidan las nalgas a algún “grande”, pedacitos de color púrpura por la acera del frente, milicos enfierrados como yendo para un golpe de estado y ancianos tiesos octogenarios que se acercan a comprar discos de Música Ecuatoriana en 33, 45 o 78 revoluciones por minuto, discos viejos, rastros obscenos del pasado que se desvalorizan en una relación inversamente proporcional al aumento del costo de vida. Pienso entonces que todos, absolutamente todos nos rebuscamos la vida, azarosa por esencia, tan sólo obligados a seguir caminos que no se asemejan, que disimulan para contradecirse. Mientras, Agonía aúlla porque no tiene todavía para pagar los Gota a gota ni para pagar mi salario de $5.000 y grita frenético el refrán que adorna su local: “Deténgase aquí mi Don, en el módulo que me donó la alcaldía, y escoja de este montón la más hermosa melodía… Atentamente cuchoteca Agonía”.  Palabras que riman bien con porquería y carestía, adjetivos que califican nuestra realidad social, y porque no, con melancolía, sentimiento penetrante que nos sumerge cuando empieza el crepitar íntimo de los discos viejos al sonar.


[1] El disco de Rock más vendido de la historia, suponía alguna revista hace años. Lo cierto es que es el más vendido del grupo y además – dato interesante – su ingeniero de sonido no fue otro que el propio Alan Parson, un genio del rock progresivo experimental.

[2] En Dólares aproximadamente 21 con 39 centavos, en Euros más o menos 16.

[3] El “Gota a gota” es un tipo de agiotista informal que presta sin mayores requisitos sumas moderadas a altísimos intereses usurarios – ilegales – del 7, 8, 10 y hasta 12 por ciento mensual. La forma de cobro usualmente depende de presiones, amenazas o atentados, ante la imposibilidad de recuperar el dinero legalmente.

[4] ALFREDO MOLANO BRAVO, “Rebusque mayor: relatos de mulas, embarques y traquetos”, El Áncora Editores, Bogotá, 2006.


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Barak Obama y el realismo mágico

Camilo de los Milagros para DPEH

Que dios detrás de Dios la trama empieza,

De polvo y tiempo y sueño y agonías” Ajedrez, Jorge Luis Borges

No estarás dudando tú, que ese Osama que rima con Obama murió acribillado en una escena Hollywoodesca de película clase B hace dos semanas a media hora del corazón militar y administrativo de Pakistán, tras un operativo perfecto del cuerpo élite de las guerras de las galaxias. Ese Osama Bin Laden cuyo cadáver nunca visto, llorado ni olfateado por nadie, incorpóreo despojo mortuorio, sirvió para alimentar pececillos en los mares del Oriente por donde navegase hace siglos Simbad el Marino.

¿No te lo crees? así fue. No te creas tampoco que hubo una guerra en Irak, no, no en el 2003 –esa la vimos por TV – sino en los 90, esa guerra nunca existió, fue un simulacro, una representación. Ni murieron un millón iraquíes hace unos años. Esos misiles eran fuegos artificiales.

Tampoco creas que cayeron aplastadas las torres gemelas, de hecho nunca estuvieron allí, eran un holograma gigantesco de cien pisos, una proyección petrificada de las intangibles compañías de Wall Street que un día valen millones de millones y luego se esfuman hacia el lugar a donde van los niños muertos jamás bautizados. El mismo lugar adonde fue y de donde vino un avión terrorista que se estrelló contra el pentágono, jamás avistado ni encontrado por nadie igual que las armas de destrucción masiva de Saddam y el cadáver de Bin Laden.

¿Quién escribió el guión de esta monumental trama? El mismo de ese rescate cinematográfico, esa farsa de telenovela que sería el Jaque a la guerrilla en las selvas colombianas: el “engaño”[1] prodigioso a unos guerrilleros mansitos y sumisos que mordieron un anzuelo con estampas de la Cruz Roja Internacional y dejaron libre a la inescrupulosa Ingrid Betancur y a tres Neo-Rambos gringos que tampoco eran militares, ni combatientes, ni espías, sino inocentes padres de familia amantes de las series basura y las hamburguesas McDonald, pero un día cayeron inexplicablemente del cielo sobre la cordillera Oriental. Espías que no son espías y hamburguesas McDonald de carne que no es carne.

Ni te creas que los gringos perdieron la guerra del Vietnam ¿No te viste Rambo 3? Allí la ganan, sin bajas en sus filas.

¿Crees que existe Obama? Ese negro desteñido con maneras de tiranuelo, ese Niche de mentiras, mulato decolorado, debe ser un maniquí café claro movido por una supercomputadora perfecta enterrada kilómetros bajo tierra en algún Bunker de Oklahoma o Connecticut. El mismo lugar donde están enterradas las superbombas capaces de acabar con el planeta en un soplo. ¿Y qué? ¿Crees o no?

Si alguien supiera que Nerón ordenó el incendio de Roma mientras cantaba versos para culpabilizar y perseguir a los cristianos, si recordara el mundo que el Reichstag alemán ardió en llamas prendidas por los mismos Nazis que no tardaron un día en achacar el atentado a los comunistas, si acaso nos preguntáramos por qué no estaba ninguno de los judíos que trabajaba en las torres gemelas el día que se desplomaron, por qué los servicios secretos israelíes esperaban el suceso; ¡oh! si fuera coherente comprender porque los militares colombianos se ponen bombas a sí mismos en sus impenetrables guarniciones para luego cazar subversivos o por qué matan subversivos que después resultan no ser subversivos, tal vez comprenderíamos que ese Bin Laden de bellas barbas fue una figura de pantalla, un doble maquillado y filmado en el desierto de Nuevo México, como los astronautas yankees que sostuvieron la bandera de barras y estrellas ondeante y flamante en la Luna. Pero en la Luna, lo sabe cualquiera, no hay viento para ondear banderas. 

Tenía razón el irracional Baudrillard. Este mundo es un simulacro, una farsa de lo que ocurre, no ocurre u ocurrirá. ¿Y qué ocurre? Pues no lo sabemos ¿cuál es la frontera entre la verdad y la mentira? Ya decía bien Arundhati Roy que en el álgebra de la justicia infinita inventada por el imperialismo americano “la guerra es paz”.

Wikileaks podrá comprobar, en unos meses o años, que el verdadero Bin Laden era una figura de porcelana, o que era un viejito loco que comía las paredes de su casa de barro en Kandahar y hacía dineros de cuando en vez actuando como jefe terrorista en los reportajes de la CNN. ¿Qué importa? Quizá el huracán Katrina fue invocado por una Cabeza Mocha como la del Viento Fuerte de Miguel Ángel Asturias en venganza por los crímenes de las multinacionales bananeras. Puede que el negro desteñido Obama sea una copia inversa, un desdoblamiento maligno del espíritu haitiano poderoso del Reino de este mundo de Alejo Carpentier. ¿Será que es el antípoda de Changó el gran putas[2]? Probablemente se convierta en batracio por las noches.

Tal vez en su discurso del Nobel, Obama tenía que haber pedido que le expropiasen el premio de literatura a Gabito, el de 1982 que exaltaba el realismo mágico y la ficción extravagante latinoamericana, haberlo pedido para sí, autor inverosímil de todo este simulacro terrorista y de las más falaces de todas las verdades. Todavía podría enviar a los Navy Seals en un operativo fantasma para que sustrajesen el premio de la casa de García Márquez en la ciudad amurallada de Cartagena de Indias. O llegar con un turbante de corsario navegando una carabela, asediando la ciudad desde el mar a cañonazos. O enviar a las agencias secretas colombianas, que harían el trabajo gustosas. Celebraría en grande dando un discurso memorable desde Suecia, un discurso evidentemente, sobre la paz. Entonces, en el vuelo de regreso, el avión estallaría en mil pedazos y caería por los aires, como los personajes de Salman Rushdie, envuelto en llamas y con dos cuernos en la frente, con el color más blanco y más puro que un texano o un racista de Georgia, oliendo a pestes y excrementos, para refundar un Nuevo Orden de Maldad sobre la Tierra. Negro desteñido, autor de malas y criminales historias, pésimo actor de la sanguinaria vida real mentida mil veces por CNN y FOX NEWS, convirtiendo este planeta en el Hollywood del saqueo, la injusticia y la dominación.


[1] Ese “engaño” costó, según los propios jefes de las FARC y Wikileaks, un millón de Dólares.

[2] Changó el Gran Putas es una novela del negro colombiano Manuel Zapata Olivella, que recrea la figura mitológica del Dios africano Changó como la identidad rebelde de los negros del continente americano.


Los Navy Seals confunden el objetivo.

Esta pasada madrugada se ha producido uno de los episodios más bochornosos de la reciente historia militar, cuando, según un informe de la agencia de inteligencia estadounidense F.I.A. se aseguraba que, -el que hasta el asesinato de Osama Bin Laden era considerado número dos de Al-Qaeda y ahora comandante en jefe de la organización guerrillera-, Ayman al-Harakihri, se encontraba oculto en un palacio en la zona residencial próxima a la Ciudad Universitaria de Madrid.

Esta información ha hecho formar un operativo de intervención inmediata para el asalto y arresto o ejecución del objetivo.

La misión, denominada “Gallinácea”, se inició al alba en la Base de Morón, “con un tiempo duro con viento de levante de 35 nudos”, y según comentó el ministro de Defensa Robert Fates esta mañana en su alocución explicativa en el Congreso, dos helicópteros de transporte AS-532UL “Cougar” trasladaron a las fuerzas especiales a puntos predeterminados por un estudio fotográfico previo, mientras otros dos helicópteros BO-105 de combate prestaban apoyo.

El asalto afortunadamente no ha producido víctimas mortales, ya que fruto de la perspicacia e inteligencia analítica de uno de los miembros destacados de los SEALS, se llegó a la conclusión de que los objetivos eran erróneos, pues el idioma en el que se lamentaban los sujetos torturados no parecía árabe, tras lo cual se decidió abortar dicho operativo.

Según ha trascendido de informaciones filtradas por uno de los miembros del grupo asaltante, el error pudo deberse a una creación defectuosa de los modelos de estética facial proporcionados por la misma oficina técnica que simuló el aspecto de Bin Laden mediante una fotografía de Gaspar Llamazares, y que en esta ocasión había usado como modelos al Vicepresidente Rubalcaba y a un personaje de la farándula conocido como “Pozí”.

Parece que la rocambolesca odisea militar va a obligar a varias personalidades de la administración y las finanzas a permanecer ausentes de la vida pública por una temporada, pues aunque no existe comunicación oficial, han sido filtradas también unas imágenes del lamentable estado en que han dejado a varios de los desafortunados e involuntarios actores de esta tragicomedia.

Está claro no obstante que no ha existido mala intención, y que para salvaguardar la democracia se deben asumir algunos equívocos; aunque no sabemos qué opinarán los damnificados. Esperemos que a partir de ahora se utilicen criterios más elaborados a la hora de asesinar a los responsables de las disidencias y grupos organizados y las acciones contra ellos.


Un piloto expulsa a dos cristianos de un avión en Irán

Crescencio, indignadoEl Consejo de Relaciones EU-Islam ha revelado hoy que dos Obispos Católicos fueron expulsados este viernes de un vuelo Teherán-París (FR) por orden del piloto de la compañía, quien justificó la decisión por la “incomodidad de los pasajeros”.

Ambos obispos, Crescenzio Sepe y Bernardo Álvarez, que volvían de un Congreso sobre Prejuicios sobre el catolicismo en el Islam e iban vestidos con el atuendo de los clérigos, fueron obligados a abandonar el avión cuando este ya se encontraba en la pista.

Justin Killem, portavoz del Consejo de Relaciones EU-Islam, ha explicado que “la Autoridad de Transporte Aéreo (TPA) entró en el avión y los sacó”. “Dijeron que el piloto rehusaba viajar con ellos porque el resto de los pasajeros estaban incómodos con su presencia”, ha afirmado.

La TSA se ha defendido a través de su portavoz, Mustapha Benamí, quien ha asegurado que “la decisión de no permitir el vuelo de ambos pasajeros fue hecha por la aerolínea, no por la TSA”. “Nosotros les revisamos y fueron aprobados para volar”, ha precisado.

Por su parte, la compañía aérea Irán Airlines emitió un escueto comunicado sobre el incidente en el que señala que “el avión regresó a la puerta de embarque para permitir revisiones adicionales del pasajero y su acompañante”. La aerolínea ha agregado además que se toman “la seguridad muy seriamente, y lo ocurrido está en estos momentos bajo investigación”.

Benedicto XVI en comunicado oficial, ha calificado lo sucedido como “ridículo” y ha señalado que “esto no ocurre en ningún otro país del mundo”. “Creo que alguna medida debe tomarse para que esto no vuelva a ocurrir con otra persona de cualquier religión”, ha afirmado.

Finalmente, ambos pasajeros fueron colocados en un vuelo posterior de la compañía, pero no pudieron llegar a tiempo al Congreso de París sobre las obras en la infancia. Hopper ha subrayado que “es posible que toda la situación actual sobre corrupción y pederastia pudiera contribuir a agudizar la sensibilidad”.

Enlace a la noticia original


El Día de los Mendigos

Camilo de los Milagros para DPEH

Como un Califa del Bagdad de las Mil y Una Noches, gran Harún Al-Raschid comendador de los creyentes, YO también he de disfrazarme de mendigo para arrastrarme por la ciudad en sus pasadizos más pestíferos y repugnantes, para untarme en las grescas de las prostitutas y en los mercados ilegales de armas, oro robado, desperdicios o sustancias mágicas. Para escuchar el susurro de la muchedumbre, las conversaciones de los estibadores y los cantos de sucios rapazuelos, decía mi padre mientras se ataviaba los peores jirones de la casa, dispuesto a meterse por las zonas más degradadas de la ciudad.

-Tratando de persuadirle anoté que nada original podía haber en ello: igual hizo un sultán Otomano hace siglos, anécdota de la cual Pamuk extrae la misma historia trillada de todas sus novelas sobre la suplantación y la crisis de identidad. Un periodista alemán (Günter Wallraff, “Cabeza de Turco”) se hizo pasar por inmigrante para conocer en carne propia la humillación; el gitano Tony Gatlif hizo una película para recordar sus años de niño pordiosero en Paris basándose en la novela de LeClezio (“Mondo”) y algún españolete anónimo productor de basuras best seller, se disfrazó de árabe (Antonio Salas, “el palestino”) queriendo “descubrir” las redes “terroristas” en América Latina-

Imposible persuadirle. Mi padre, más terco que una mula antioqueña, porfió en salir disfrazado de mendigo. Así que, ¡Arre Mula!, emprendimos nuestra alucinante aventura.

Bajo los puentes de una vía por donde pasara un ferrocarril nos topamos el mercado de los desechos y desechables. Allí se cotiza diariamente el precio de las chatarras, del cobre hurtado y de todo tipo de materiales inútiles y desperdicios que han de encontrar compradores y vendedores tras curiosas negociaciones. Centenares de seres (¿humanos?) malolientes adquieren por ínfimas monedas culitos de muñeca, prendas raídas, televisores sin pantalla, pelotas reventadas o platos quebrados que habrán de tener algún uso en sus vidas y alegrías. Mi padre, en una transacción evidentemente desventajosa, dio rienda a su manía de colectar discos viejos y se compró un L.P. averiado de Troilo con Piazolla por $1.000. También una edición del Quijote sin la mitad de las páginas por $500.

Únicamente con un aumento  en el valor del hierro en China o el desplome de cualquier mina de cobre en el desierto de Atacama y en este peculiar sitio los precios subirán hasta el cielo mientras decenas de hampones sin oficio se lanzarán a desvalijar la ciudad con consecuencias nefastas para su funcionamiento. En un rincón cochino de basuras y cagadas de perro reposa oxidada una enorme rueda Pelton, tres metros de diámetro, capaz de generar cargas electrizantes de energía.

Un hombre con la cara pegada a los huesos del cráneo ofrece públicamente cigarros de una sustancia que no es Tabaco por la módica suma de $1.000 (0.40 Euros, incomparable ventaja comparativa favorable a la exportación) y más allá algunos respetables se prestan a conducir el interesado a un sótano húmedo donde podrá comprar granadas, munición y fusiles AK-47. Primera gresca de prostitutas: se amenazan con puñales y se gritan zorras a sí mismas, entre todas y a nosotros. Vámonos, me dice papá.

Al paso alguno comenta bajo sus bigotes amarillosos que segar la vida de un semejante vale nada más que $100.000. Menos que una matrícula en la universidad o unos Nike auténticos Made in Vietnam. Tanto como un cachivache electrónico última generación.

Por la vía más tradicional de la ciudad irrumpimos todos los cafetines, los restaurantes y billares. Nos sacan a estrujones de la mayoría. “Esto acabará mal” pienso. En uno la gente mira fascinada por TV el regreso del Mesías  que porta un sombrero aguadeño y aprovechamos el descuido para sustraer una billetera. No hay dinero en ella, sólo facturas sin pagar y boletas de prendería. Y una estampita de la virgen de Guadalupe, que nos cobije en su eterna misericordia.

Levanto mi camisa mugrienta para mostrar una hipotética cicatriz de una cirugía impagable, con ello hacemos algunas monedas. “Dios le bendiga, La virgen la proteja, El señor se lo pague”. Algunos de mis antiguos maestros de secundaria no me reconocen y rehúsan mis ofrecimientos para que limpie escrupulosamente sus zapatos de cuero falso. Uno me brinda un cigarrillo, este sí de Tabaco, pero como casi me echan del colegio por fumar siento una vergüenza propia y ajena indescriptible.

Mi padre se ve obligado a recibir solicito las sobras de una señora gorda y grasienta que se ha dejado mordisqueado y baboseado el pan por todos sus costados. La señora no se va hasta que se lo coma, “No lo vaya a cambiar por vicio”. Comé papá, tirar la comida es pecado. No hay hambre más terrible que la del mendigo.

Creí ver la figura minúscula de mi abuelito fallecido, tan borrachín, que portaba fanegadas de monedas para repartir entre los harapientos pordioseros y los nietos, confiando que ello le daría la absolución eterna. Gran Comendador de los Creyentes: Alá tenga en su gloria a mis sabios y difuntos abuelitos.

Nos duelen las articulaciones. La policía nos ha zurrado y calentado las nalgas a golpes al interior de una comisaría. Dicen que fuimos nosotros los que quitamos el reloj de oro y diamantes a un prestigioso usurero que además es columnista de periódico. “El ya había atracado un hermano mío” dice mi padre “prestándole al 3% mensual”. Esto se les va hondo, han dicho los polis tras un puntapié. En un callejón ciego, el reloj hurtado está cotizándose con regateos y marrullerías por viejitos desagradables de sombrerito, zurriago y poncho que transan mutuamente relojes dañados, deudas y comisiones sobre negocios ajenos.

Nos arrojan al asfalto a medianoche, luego de unas horas de calabozo. Ahora papá ya no quiere ser pordiosero, porque en las noches fumigan mendigos como cucarachas a ráfagas de 9 milímetros. Quizá por eso las visiones comunes de los pordioseros recuerdan siempre estatuas petrificadas, cadáveres, monumentos a la pobreza inmóviles en medio del asfalto, tendidos rígidos mientras el vértigo urbano chorrea imparable por doquier.

Dormimos a la sombra de un cajero automático, con un zombi sin dientes que carbura polvo de ladrillo y habla cinco idiomas a la perfección y una hija de buen apellido que extravió el rumbo. Digo, con lo que queda de lo que fue la hija, y lo que quedaba de su apellido. No hay una noche más fría que la de los mendigos. El ruido infernal de los camiones y buses que pasan a 100 por hora, el hedor de los charcos de aceite y mugre, la mirada vaporosa de las alcantarillas abiertas como sexos vergonzantes, las luces fantásticas de los anuncios, el rumor en lontananza de las discotecas, el conversar de los chandosos sin dueño ni raza, me recuerdan que vivo en una ciudad: género particular de organización humana donde cada elemento cumple un fin determinado ajeno a sus intenciones o deseos, como en los más complejos entornos naturales. Por ello somos Civilizados, habitantes de la Civitas.

Sueño con LeClezio y su niño mugroso que mira la luna y habla con las estatuas de los parques, veo el gitano Gatlif y sus personajes desarraigados, errantes y humillados, y pienso en ese sultán Otomano que discurría en traje de limosnero por las calles de la hermosa Estambul escuchando las conversaciones de la gente sobre su ciudad, sus palacios y sobre él, su gobernante incógnito que oye el rumor de los bazares y la brisa del Bósforo.

Las campanadas de la Semana Santa, cierto tufillo a incienso y rastrojos quemados dan principio a una romería que nos trae a la luz nuevamente, resucitando la cristiana costumbre milenaria de fungir cual buenos samaritanos y ayudar al prójimo, es decir a nosotros: una recua de menesterosos y purulentos indigentes pregonamos nuestras dolencias en la plaza pública y los pórticos de las iglesias implorando el divino perdón, ante la indolencia general. Nos iba a tocar en suerte ejercer, al trepar el sol, una función crucial en la finalidad de las ciudades contemporáneas: la pulcra limpieza de los parabrisas de los coches, habitantes de mayor categoría dentro de la urbe.

Lo veis, también me disfrazaré de mendigo, como en los relatos de Sherezada y las novelas de Pamuk y las pesadillas de mi padre. Sabréis así qué es en verdad la vida, cuál es su sinsentido, su peso, su sabor áspero, su textura hiriente. Bajo un semáforo en rojo y esmerándome en ponerle el brillo que mi existencia nunca tuvo ni tendrá a un parabrisas suntuoso, vislumbré el semblante de las arribistas y edulcoradas hermanas de mi padre – ellas no nos reconocieron – escupiéndonos alguna humillación.

Narra un antiguo proverbio persa que la muerte es la más grande justiciera, fustiga tanto al rey como al mendigo. Si así fuese los soberanos no se disfrazarían para trasegar por la ciudad. Diré por tanto como el poeta Nazim Hikmet: Para que la muerte sea justa, ha de ser justa la vida.

También he sido rey o mendigo.


Vestidos de Payasos…

Camilo de los Milagros para DPEH

Vestidos de payasos, de colores y guirnaldas; desvestidos otros y mal vestidos los más, muchachos y muchachas de las universidades colombianas salieron a la calle otra vez, por cientos de miles, para recomenzar una pelea contra el régimen. Una estridente y colorida batalla, con muchas ideas y sorprendentemente con pocos disturbios.


Ya se tardaban. En la última década luego del exterminio acelerado de sindicatos, sindicalistas y movimientos sociales, el desplazamiento forzado de millones de campesinos y la criminalización de cualquier intento de oposición de izquierda, sólo estudiantes e indígenas conservan un volumen de movilización importante en el país. Son el último resguardo de la dignidad. No se tardó en cambio el gobierno de Santos en aludir a ese fantasma tenebroso del establecimiento colombiano con el que se calumnia cualquier disensión al régimen invocando al macabro: “están infiltrados por las guerrillas”, de donde se deduce por lógica aristotélica que 1- o las guerrillas conservan suficiente poder como para movilizar a medio millón de personas contra el gobierno ergo la matazón de los diez últimos años no ha servido para nada o 2– es una mentira más de Santos para atacar un movimiento justo y legítimo que cuenta con la simpatía y el respaldo de sectores muy amplios de la población universitaria. O todas las anteriores.


Las multitudinarias movilizaciones –mayoritariamente pacíficas – revelan la inconformidad de la totalidad de estamentos universitarios así como de sectores que antes no se oponían al estado: universidades privadas, rectores e incluso la acomodada variedad burocrática de funcionarios y mandos medios, siempre tan arrodillados, quienes han visto amenazados sus intereses ante una reforma que promete entregar el sistema educativo al capital trasnacional, el todopoderoso amo y señor del siglo XXI, ese cartel mafioso, esa expresión sublime del crimen organizado internacional, como dijo E. Galeano.


¿No es un papel de cómicos, empecinarse en resistir los mandatos que las élites más poderosas de la historia y sus criollos asociados imponen sobre esta diminuta república tropical olvidada? ¿Produce rabia, frustración o risa la imagen de una muchacha enfrentada con una pistola de juguete a la maquinaria militar más asesina de América latina? ¿Se ríen de nosotros los Santos, los Chaar, los Lleras, los Bessudo, los Mehreg, los Santodomingo, los Holguín, los Uribe (los de Salgar, Antioquia), los Lloreda, los Ardila-Lülle, los Chaux, los… toda esa caterva de neo-aristocracias y buenas familias que detentan el control casi absoluto de tierras, aguas y gentes bajo este cielo? ¿Se ríen y burlan desde sus poltronas lujosas en los penthouses del Norte de Bogotá o Miami, de Bahréin o Cartagena de Indias?


Seguro que se ríen, aunque el papel de los payasos sea menos inofensivo de lo que parece: por algo destrozaron a tiros la sonrisa del humorista Jaime Garzón hace años o persiguieron y acosaron al genial Charles Chaplin en tiempos del anticomunismo y la guerra fría.


De cumpleaños, la policía le regaló a la Universidad Tecnológica y sus estudiantes una piñata completa, un arsenal de gases lacrimógenos, de balas de goma y de las otras, de garrotazos y patadas, al finalizar la movilización pacífica. Nuestra Universidad cumpleañera fue excepción nacional debido a los disturbios que, como en la Palestina ocupada, dejan ver la deshonrosa desproporción de las piedras contra las balas. Los policías por desgracia no iban vestidos de payasos sino de Robocops malvados y estos, se sabe, no hacen payasadas.


Casi ningún estudiante lo conocía o lo recordaba: se cumplen además 40 años del movimiento universitario más grande de la joven historia colombiana, la crisis universitaria de 1971. Recordemos la imagen, lejana ya, de más de cuarenta universidades en Huelga, un año seguido de conmoción y agitación, protestas multitudinarias, disturbios, cierres de universidades… un país ingobernable. La memoria obliga a decir que en 1971 el movimiento universitario se insurreccionó violentamente contra la injerencia imperialista extranjera. La Historia tiene sus burlas, sus payasadas, sus coincidencias: ese movimiento mítico, esa leyenda de la izquierda colombiana empezó con una huelga en Pereira y en la Universidad del Valle. Muchos de sus líderes y activistas – los que no fueron asesinados después – son quienes imponen como rectores y funcionarios las reformas y recetas mágicas del FMI y el Banco Mundial para salvar el sistema educativo colombiano, ¡Ah la Historia, la Historia! ¡Siempre tan juguetona!


Es así como cuatro décadas más tarde hemos llegado al mismo punto, hemos dado una espiral completa en los giros del desarrollo, para volver a entrar en contradicción con las mismas élites y los mismos pulpos imperiales que en ese entonces adecuaron y moldearon planes educativos, reformas e instituciones a su imagen y semejanza; los estudiantes vestidos de payaso hoy vuelven a decirle NO a un modelo que ni está al servicio de las mayorías ni en consonancia con los problemas reales de la nación colombiana.

Con los pitos y matracas, narices rojas y grandes zapatones, seguirá la fiesta. Hasta que perdamos la paciencia o la esperanza. Entonces los poderosos dejarán de reír a carcajadas.

FOTOS PEREIRA por Vlass Mamor (desdedelsur.blogspot.com) 1. Medellín, 2. Tunja, 3 – 7. Pereira.


Iniciativa Debate y Solidaridad con Panamá en RKB

Disfruté mucho con la compañía de Edu y Andrés (eres un gran comunicador), y cómo no, con la presencia de mi estimado y admirado Carlos Tena. Escuchadla entera, vale la pena.